Liam estaba tumbado en el sofá, hojeando su teléfono, cuando decidió poner uno de sus vídeos eróticos favoritos. La habitación se llenó de gemidos y respiraciones agitadas procedentes de la pantalla, el tipo de cosas que siempre le excitan. Miró a Viktor, su compañero de piso, que fingía leer un libro pero no dejaba de mirarle.
"A ti también te gustan esas cosas, ¿verdad? bromeó Liam, subiendo un poco el volumen. Se estiró, su camisa se levantó para mostrar parte de sus tonificados abdominales, y sus ojos se posaron en Víctor con una sonrisa burlona.
Viktor trató de relajarse, pero su agarre del libro se tensó. "Tal vez", murmuró, con voz grave y áspera. Liam no lo oyó así. Se acercó y su mano rozó "accidentalmente" el muslo de Viktor. El aire se llenó de tensión.
Antes de que Viktor pudiera protestar, Liam se inclinó hacia él y sus labios rozaron su oreja. "Mira conmigo", susurró, con el aliento caliente. Eso fue todo lo que necesitó. Viktor ya no se contuvo. Agarró a Liam por la cintura y lo subió a su regazo con un gruñido.
"Pequeña provocadora", siseó Viktor, mientras sus ásperas manos rasgaban la camisa de Liam. Liam se rió sin aliento, arremetiendo contra él para volverlo loco. Viktor lo volteó sobre el sofá y lo inmovilizó contra el suelo, con los ojos negros de hambre.
No perdió el tiempo. La ropa cayó frenéticamente al suelo. Viktor cogió a Liam por el brazo, empujando con virilidad, cada golpe arrancando gemidos de Liam. "Joder, sí, más fuerte", suplicó Liam, con las uñas clavadas en la espalda de Viktor.
Viktor obedeció, follando sin descanso, con sus cuerpos brillantes de sudor. La habitación resonaba con el choque de las pieles, los gruñidos y los gritos de placer. Liam se corrió primero, estremeciéndose salvajemente, y Viktor le siguió poco después, penetrando profundamente con una última y vigorosa embestida.
Se desplomaron juntos, jadeantes, con una sonrisa de satisfacción en sus rostros.