Seducción
Fue en las tenues luces de una discoteca de Barcelona, donde el bajo resuena como un latido y el aire está cargado de sudor y deseo en estado puro, donde apareció Androgy. Era un enigma: una impresionante chica-mec andrógina de rasgos delicados que desdibujaban las líneas y encendían deseos prohibidos: pelo largo y sedoso que caía en cascada en suaves ondas, labios carnosos teñidos de un sutil rojo, ojos ahumados que prometían secretos, y un cuerpo esbelto de curvas suaves que burlaban la feminidad al tiempo que irradiaban un innegable lado masculino. Con una camisa ajustada que abraza su tersa piel y unos pantalones que acentúan su ambigua figura, Androgy conoce el poder magnético de su androginia. Atrae a machos alfa que secretamente aspiran al tabú.
Ahí estaba: Viktor Rom, el semental dominante por excelencia. Alto, musculoso, tatuajes serpenteando por su piel bronceada, una espesa barba enmarcando su mandíbula cincelada y unos ojos intensos que gritaban control.
Androgy lo vio y decidió que esta noche iban a seducir a ese alfa. Se deslizaron entre la multitud como felinos, rozando los cuerpos hasta llegar a él. "Hola, guapo", ronronearon con una voz suave y ambigua que podría haber sido la de un chico o una chica. Viktor se volvió, con la mirada fija en la figura andrógina. Pasó la confusión inicial y luego se apoderó de él la lujuria. Androgy sonrió, se acercó y le pasó una mano por el brazo tatuado: "Me gusta cómo me miras... como si quisieras devorarme entero".
La seducción era sutil pero eléctrica: bailaban uno cerca del otro, Androgy frotaba sus caderas contra el creciente bulto en los pantalones de Viktor, susurrándole burlas al oído. "Me pregunto si un semental como tú puede soportar algo diferente. Viktor gruñó, con su enorme mano agarrando firmemente la cintura de Androgy. Las burlas no duraron mucho, el fuego era demasiado intenso.
En un rincón oscuro del club, Viktor tomó el control. Agarró con firmeza el largo cabello de Androgy, tirando de su cabeza hacia atrás para dejar al descubierto su delicado cuello. "Te lo merecías, putita andrógina", gruñó con voz grave y rasposa. Los empujó contra la pared, reclamando sus bocas en besos brutales, mordiendo lo bastante fuerte como para dejar marcas. Androgy jadeó, excitado por la dominación, y sus manos recorrieron el torso duro como una roca de Viktor.
Pronto, en una habitación privada del piso de arriba, Viktor desató toda su furia. Desnudó sin piedad a Androgy, revelando sus ambiguos cuerpos: piel suave, sutiles curvas realzadas por las hormonas y una clara y palpitante excitación. Viktor los arrojó sobre la cama, agarrando de nuevo el pelo como si fueran riendas. "Abre la boca", ordenó, y Androgy obedeció con impaciencia, introduciéndose su enorme polla hasta el fondo, con los ojos llorosos de excitación.
Pero Viktor no estaba de humor para juegos suaves. Los puso a cuatro patas y los penetró con virilidad. Un golpeteo implacable: potentes y rápidas embestidas que sacudían sus cuerpos. Con una mano les tiraba del pelo y con la otra las azotaba hasta ponerlas rojas con sus gruñidos. "Tómalo todo... ahora eres mía". Androgy gritaba de éxtasis, temblando con cada impacto, suplicando más. Viktor no paró hasta explotar en su interior, llenándolos por completo en una explosión que los dejó a ambos exhaustos y satisfechos.
Androgy sonrió tras la explosión, sabiendo que habían tentado y conquistado al alfa... o tal vez era él quien los había conquistado a ellos.